De cuando Beatriz rima con meretriz

Nos acercamos a uno de los personajes más truculentos del siglo XV español: Beatriz de Bobadilla (1462-1501)



En 1992, cuando todo el universo hispanohablante se congratulaba por la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, se proyectaron en el cine dos películas de renombre sobre la hazaña del almirante Colón. La de mayor calidad de las dos cintas, a juicio de los entendidos, se titulaba “1492. La conquista del paraíso”. La nostalgia de aquel año me lleva forzosamente a rememorar mi etapa de estudiante universitario, mi añorada delgadez, mi hirsuta cabellera, mis ilusiones de “maduro” zagal de veintidós años y, cómo no, las idas en Salcai al cine Royal de la ciudad de Las Palmas con mi novia de entonces. En mi memoria permanecen intactos los recuerdos de aquella sala donde se proyectaba el filme, de las más modernas de entonces, entre el ávido crujido de las palomitas de maíz (o mejor, las roscas) y la sonoridad de los tragos de Coca Cola. Debo reconocer que la película, de buena calidad técnica, dejó en mí dos huellas imborrables: la primera, la maravillosa banda sonora, compuesta por el griego Vangelis; y la segunda, un resbalón histórico incomprensible. ¿Por qué no aparece Canarias en ningún momento de la trama, cuando de todos es sabido que Cristóbal Colón hizo escala en la rada de San Sebastián de La Gomera? Sin embargo, sí pudimos entrever en la proyección que el almirante genovés tuvo una historia de amor apasionada con un misterioso personaje femenino…

 

Años después, la curiosidad y el entramado infinito de internet nos permitieron averiguar con exactitud quién fue aquella mujer de más que evidente belleza que se relacionó con los personajes más relevantes del siglo XV español, más desde los entresijos de la intrahistoria (al decir de Unamuno) que desde el rigor y el carácter oficial de la historia. La fama de sus cortesanas y galantes aventuras, serán llevadas posteriormente a la literatura de la mano de Baltasar Castiglione a través de su célebre obra “Il Cortigiano”. Con una repercusión más local, Manuel Ossuna y Saviñón también se inspira en ella para escribir su obra “Doña Beatriz de Bobadilla: drama histórico en cuatro actos”, publicada en 1840. Sea por lo que fuere, y al margen de esta indiscreta trascendencia, no cabe duda de que su nombre, Beatriz de Bobadilla y Ossorio, estará ligado eternamente a la expansión atlántica de España.


Pero, ¿quién era realmente Beatriz de Bobadilla?

“Mujer rara, que teniendo todas las gracias y flaquezas de su sexo, tuvo la crueldad y constancia de un hombre sañudo”. Con esta elocuencia define el polígrafo Viera y Clavijo a Beatriz de Bobadilla, apodada “la cazadora” (sobrenombre derivado de la condición de Cazador Mayor de los Reyes Católicos de su progenitor y que aplicado a ella cobra una más que sugestiva ironía), nacida en Medina del Campo (Castilla) en 1462 y descendiente de una estirpe de nobles de segunda fila. Su padre, el mentado Cazador Mayor de los Reyes Católicos, se llamaba Juan de Bobadilla y su madre, Leonor Álvarez de Vadillo. Tuvieron seis hijos: Cristóbal, Pedro, Francisco, Juan, Beatriz y Leonor.

 

Los datos que podemos encontrar en las páginas de la historia no dedican precisamente piropos a Beatriz de Bobadilla. “Mujer despiadada, cruel, sanguinaria, ambiciosa, ladrona, ninfómana, envenenadora, comerciante en seres humanos y señora de horca y cuchillo” son algunas de las “lindezas” que le han dedicado a su polémica persona. Con 17 años de edad, Beatriz llega a la corte castellano-aragonesa como dama de honor de la reina Isabel I la Católica. Es precisamente en el abrigo de la corte donde se gesta una de sus principales leyendas: su romance con el rey Fernando. La primera fuente en recoger este amorío de altos vuelos es una de las Crónicas de la conquista de Gran Canaria, el manuscrito llamado ovetense, cuya redacción puede fijarse en 1526. En él podemos encontrar el siguiente texto:

 

“La reina … en aquella ocasión tenía muchos celos de una su dama llamada doña Biatris de Bobadilla, muy hermosa y discreta, a quien el rey le parecía que miraba y estimaba más que a las otras…”

 

Como era de esperar, tales confianzas no resultan del agrado de la Reina y es en este punto cronológico cuando el nombre de Beatriz de Bobadilla se entrelaza con el archipiélago canario. Al parecer, un joven noble de nombre Hernán Peraza, había acudido a la corte católica para responder de la muerte del capitán Juan Rejón, oscuro personaje aragonés a quien los reyes habían encomendado la misión de conquistar las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Peraza, señor feudal de la isla de La Gomera y apodado “el joven” para diferenciarlo de su homónimo abuelo, tuvo un encontronazo con Rejón cuando éste arribó a su feudo por causa de unos temporales. La obstinación de uno y otro les llevó a medir las armas combatiendo, siendo la fortuna adversa para Rejón que sucumbió malherido. Los familiares del capitán y los enemigos de Peraza calificaron el hecho de homicidio y por esta razón fue conducido a la corte para responder por sus actos. La reina Isabel intercede por Peraza a cambio de dos condiciones: que participase con un pequeño cuerpo de tropas vasallas en la conquista de Gran Canaria y que se casase con Beatriz de Bobadilla. Como vemos, la “benevolencia” de la reina llevaba implícita una jugada maestra: quitarse a su rival amorosa de en medio, mandándola al último y más lejano confín conocido del reino.


La relación de Beatriz de Bobadilla con Cristóbal Colón

Como todos sabemos, Cristóbal Colón recaló en la isla de La Gomera en 1492 antes de dar el gran salto atlántico que lo condujo a la gloria. También sabemos que volvió a la isla los años 1493 y 1498. Beatriz de Bobadilla, gobernadora de la isla desde 1488, prestó una ayuda vital al almirante genovés, pues abasteció a la flota de agua y vituallas con mano generosa y espléndida. Dan fe de ello el Diario de a bordo de Cristóbal Colón, la Historia del Almirante de su hijo Hernando Colón y la celebérrima Historia de las Indias de fray Bartolomé de las Casas. Llegados a este punto nos podemos hacer varias preguntas: ¿por qué Colón prefirió arribar en La Gomera cuando otras islas de mayor abundancia como Gran Canaria ya estaban bajo el amparo de la Corona de Castilla? ¿La amistad entre Colón y Beatriz de Bobadilla surgió de forma espontánea en ese encuentro gomero o ya se conocían de antes?

 

Para hallar respuesta a estas preguntas tendríamos que encontrar referencias de algún viaje de doña Beatriz a la península durante la década 1482-1492, puesto que en ese período residió de forma habitual en La Gomera. Precisamente en ese año de 1492 (de tanta abundancia de hechos gloriosos para nuestro país) se constata una visita de la señora de La Gomera a la corte de los Reyes Católicos, establecida eventualmente en ese entonces en el campamento de Santa Fe (Granada). Por el testimonio del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, se sabe que desde junio de 1491 hasta igual mes de 1492 la señora de La Gomera permaneció en Andalucía, radicándose de manera especialísima en Córdoba y Santa Fe, en seguimiento de la corte.

 

Lo mismo cabe decir de las jornadas de Cristóbal Colón después del retorno de La Rábida. Esporádicas estancias en Córdoba y particular afincamiento en Santa Fe al calor del poder real, de quien se esperaban inmediatas decisiones para su famosa empresa transatlántica.

 

Esta coincidencia peninsular podría dar sentido a la carta firmada por el savonés Michele de Cuneo el 28 de octubre de 1495 y dirigida a su amigo Girolano Annari, en la que narra detalles del segundo viaje colombino. De dicha epístola extractamos lo siguiente:

 

“El día 3 de octubre entramos en Gran Canaria. La noche siguiente nos dimos a la vela, y el día 5 del mismo mes entramos en La Gomera, una de las islas llamadas Canarias. Sería demasiado largo, si le dijera todos los triunfos, los tiros de bombarda y los fuegos artificiales que hemos hecho en aquel lugar. Todo ello se hizo por causa de la señora del dicho lugar, de la cual nuestro señor almirante estuvo encendido de amor en otros tiempos. En dicho lugar cogimos refrescos de todo lo necesario, y el día 10 de octubre dimos a la vela para tornar nuestra derrota.”

 

Las coincidencias son evidentes y el peso de los argumentos presenta cierta contundencia, sin llegar a ser definitivos. La leyenda se encargó de poner su granito de arena uniendo sus destinos en estos virtuales lances de amor clandestinos.


La verdadera vida amorosa de Beatriz de Bobadilla

No cabe duda de que las relaciones anteriormente descritas, por el calibre de sus protagonistas masculinos, elevó a doña Beatriz a los altares de la leyenda, siendo retratada, con acierto o no, por escritores de arte mayor y menor. O en su defecto, su fama fue, como poco, objeto de cuentos, anécdotas, sucedidos, dichos o lances que encierran un indiscutible contenido lúdico y difamatorio. En este sentido, no debemos desdeñar la figura de Alonso Carrillo, señor de Caracena, en su tiempo “prototipo del joven disoluto, bullanguero, manirroto y chistoso, cuya lengua era más corrosiva que el agua regia”, al que se le atribuyen dos cuentos o anécdotas sobre la vida de la señora de La Gomera. El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo dice de Carrillo “que se le fue la vida en decir donayres e desperdiciar su hacienda…”

 

Sin embargo, paradojas del destino, estos donaires suyos sobre doña Beatriz de Bobadilla se hubieran perdido para siempre si no los hubiera recogido la pluma diligente de Baltasar Castiglione durante su estancia en España. En su obra Il Cortigiano podemos encontrar fragmentos llenos de aguda ironía como el que reproducimos a continuación:

 

“Hallándose Alonso Carrillo en la Corte de España y habiendo cometido algunos errores juveniles, de escasa importancia, fue puesto en la cárcel por orden del rey y dejado en ella toda una noche. Al día siguiente lo sacaron de prisión; y veniendo así a palacio por la mañana, llegó al salón, en donde estaban muchas damas y caballeros. Y divertiéndose a costa de su prisión, dijo la Señora Boadilla: -Señor Alonso, a mí me dio mucha pena esta desgracia vuestra, ya que todos los que os conocen, pensaban que el Rey iba a mandaros ahorcar. Entonces contestó en seguida Alonso: -Señora, yo también tuve este miedo; pero tenía la esperanza de que ibais a pedirme por esposo.

 

Véase cómo esto es agudo e ingenioso, porque en España, como en otros muchos países, es costumbre perdonar la vida a un condenado a quien una meretriz lo aceptaba por marido”.

 

Sin embargo, ¿cuál es la verdad de Beatriz de Bobadilla? El cronista Antonio Rumeu de Armas, autor del magnífico estudio en el que nos hemos basado para la redacción de estas líneas, sólo da por veraz la relación que mantuvo con el maestre calatraveño Rodrigo Téllez Girón, además de sus dos matrimonios: el primero con Hernán Peraza, señor de La Gomera, y el segundo con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, conquistador de las islas de La Palma y Tenerife.

 

Constata Rumeu la relación de doña Beatriz con Téllez Girón a través de una declaración del regidor Diego Fernández de Bobadilla, realizada el 10 de enero de 1568. Dice así:

 

“Joan de Bovadilla avía tenido una hija (hermana del dicho Cristóbal de Bobadilla) muy hermosa, del nombre de la qual no tiene noticia; e que de esta hija, del dicho Joan de Bovadilla, fue su servidor el maestre Joan de Girón, maestre de Calatrava, el qual murió en una escaramuça en el Real de Baça; e que esto que tiene declarado lo oyó dezir, etc.”

 

A pesar de los dos errores que aparecen en esta declaración (el nombre de pila del maestre era Rodrigo, y murió en Loja, no en el Real de Baça, en 1482), Rumeu de Armas subraya que no alteran lo sustancial del testimonio. Además, añade el testimonio del cronista del Renacimiento español Gonzalo Fernández de Oviedo (expresado en su obra Batallas y Quinquagenas) para apuntalar su tesis. De este libro extraemos los siguientes pasajes:

 

“Yo hablo como testigo de vista, porque me hallé paje muchacho en el cerco de Granada, y vi fundar la villa de Santa Fe en aquel ejército, y después vi entrar en la ciudad de Granada al Rey e Reina Católicos cuando se les entregó.. . “

 

“Su invención me dezid; que yo conoscí una gentil dama de quien me dixeron que este maestre fue muy servidor.”

 

“Y aun yo la conoscí e la hablé diez años después de muerto el maestre; y ella estaba biuda por la muerte de su marido, que fue un cavallero muy valeroso.”

 

Con estos datos, es muy fácil deducir que:

-          La “gentil dama” es Beatriz de Bobadilla.

-          Que el escenario de la acción es el campamento de Santa Fe.

-         Que Fernández de Oviedo conoció a doña Beatriz personalmente.

-         Que la datación “diez años después” es 1492.

-         Que el fallecido” caballero muy valeroso” era Hernán Peraza.

 

El matrimonio de Beatriz de Bobadilla con Hernán Peraza tuvo lugar en el año 1482. De esta unión nacieron dos hijos: Guillén Peraza de Ayala, primer conde de La Gomera, e Inés de Herrera. La muerte de Peraza en 1488, episodio culminante de una épica revuelta protagonizada por los indígenas gomeros, convierte a su viuda en gobernadora de la isla en nombre de su hijo Guillén.

 

Con el Adelantado Alonso Fernández de Lugo contrajo nupcias en 1498. De esta unión no nacieron hijos.


Un fin muy digno de su época, rango y persona

Además de sus enredos amorosos, doña Beatriz será recordada en las Islas Canarias como una más que desafortunada gobernadora y como un personaje despiadado, cómplice o incluso artífice de la ejecución de muchísimos ciudadanos isleños. Al estar salpicada por excesivos episodios de corruptela, decide viajar nuevamente a la corte de los Reyes Católicos a buscar amparo, pero esta vez la suerte le da la espalda. El historiador canario Tomás Marín de Cubas lo recoge de esta forma:

 

“Siendo muchas las extorsiones y agravios que esta Señora hacía á sus vasallos, pasaron á España estas quejas y la viuda de Muñoz, mándasele parecer á la Señora Beatriz á que alegase de su justicia, y ella confiada en los favores del Rey D. Fernando y su Señora la Reina , pasó a España aunque se lo estorbaba bastante su marido Alonso de Lugo, de que enviase persona por sí ó que esperase otra coyuntura, más ella se fue deprisa, llegó a Medina del Campo donde estaba la Reina , fue de todos bien recibida y de verla muy alegres, dio su descargo y salíanles nuevas acusaciones y demandas, y un día, sin poderse saber la causa amaneció de repente muerta Doña Beatriz de Bobadilla; hizo por ella mucho sentimiento su Señora Doña Isabel; dejó a su hijo Guillén Peraza de Las Casas en la tutela de Alonso de Lugo, y pasando el tiempo de la edad de catorce años, pedía la posesión de sus dos Islas, Gomera y Hierro, y haciéndole de muy mal el devolvérselas Alonso de Lugo, graves excusas diciendo que era muy niño.”

 

Suponemos, y así también lo suponen numerosos historiadores, que la Reina Isabel no permitió que se repitieran episodios afectivos de antaño entre su esposo Fernando y su otrora dama de confianza, y, deseando de una vez por todas acabar con la insolencia de Beatriz de Bobadilla, ordenó envenenarla. La muerte de Beatriz de Bobadilla y Ossorio se constata en el año de 1501. Tenía por tanto 39 años de edad.

 

Poderosa y bella, astuta y seductora, Beatriz de Bobadilla sin embargo no tuvo la suficiente agudeza para averiguar que en aquel damero cortesano, Isabel la Católica no sólo fue monarca de Castilla, sino también reina y señora de todas las argucias, estrategias e intrigas necesarias para conseguir todo lo que se le antojara. Y en aquellos momentos en los que tan de moda estaban esas oscuras prácticas (no sólo en las monarquías sino también en el seno de la Iglesia Católica; no olvidemos que ésta es también la época de los Borja, mundialmente conocidos por sus sucias corruptelas papales), el perfil de Beatriz de Bobadilla casi se nos antoja angelical e ingenuo si lo ponemos al lado de un ser tan diabólico como fue la monarca castellana, cuyo sobrenombre de La Católica no vendrá seguro de su infinita piedad o de su desinteresado amor al prójimo.


Para saber más

Te proponemos a continuación la lectura de los siguientes textos y sitios web para profundizar más en este tema.

 

-          GARCÍA RODRÍGUEZ, Eduardo Pedro. “Beatriz de Bobadilla (1462-1501) y la rebelión de los gomeros”. WEB: www.elguanche.net. http://elguanche.net/Ficheros2/beatrizdebobadillagomera.htm

-          RUMEU DE ARMAS, Antonio. “Los amoríos de doña Beatriz de Bobadilla”. Anuario de estudios atlánticos (31). Las Palmas de Gran Canaria, 1985. 0570-4065, pp. 413-455. http://bdigital.ulpgc.es/mdc/texto/pdf/231796_0031.pdf. 

-          WEB: Wikipedia. Beatriz de Bobadilla y Ossorio. http://es.wikipedia.org/wiki/Beatriz_de_Bobadilla_y_Ossorio