¿Hablamos mal los canarios?

Intentamos dar respuesta a un tópico desgraciadamente generalizado



1.- Introducción.

 

En junio de 1998, en un viaje de vacaciones a Tenerife, mientras descendía del Teide en el teleférico, tuve la oportunidad de escuchar una conversación envenenada entre dos ancianas señoras de la Península. Decían las mentadas señoras a voz en cuello, como queriendo que se oyera en toda la cabina, o tal vez considerando que el peso de sus razones era tan grande que no admitiría réplica, que los canarios hablábamos muy mal y que le pegábamos unas patadas de antología al sagrado Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Como me encontraba justo al lado de las tertulianas, no pude evitar la tentación de interrumpirlas. Con suma educación, les dije que cualquier código compartido por un emisor y un receptor que cumpla los requisitos indispensables de la comunicación, esto es, el intercambio de información, no puede ser considerado incorrecto, y que eso que ellas llamaban “patadas de antología” es un problema inherente a todo hablante porque nadie, absolutamente nadie, utiliza la lengua para expresarse, sino el habla.

 

Me viene ahora al recuerdo la cara de circunstancias de las señoras, el color transparente del silencio que siguió a mi intervención y el sonido de complicidad que me regalaron algunos de los viajeros. Cuando nos bajamos del teleférico, me asedió el impulso de pedir disculpas por mi intromisión, cosa que hice, a la vez que les deseé de todo corazón una muy feliz estancia en nuestro archipiélago. No sé si fui grosero con esa forma de actuar, pero sí debo decir a mi favor que aquella situación abrió un interesante debate en mi mente que hoy quiero compartir con todos ustedes.


2.- Lenguaje, lengua, norma y habla.

 

Antes de adentrarnos en este asunto, conviene refrescar algunos aspectos esenciales para la comprensión de este artículo. Me refiero a los conceptos de lenguaje, lengua, norma y habla.

 

Por lenguaje, utilizando una definición de andar por casa, se entiende aquella facultad que poseen algunos seres (sobre todo los humanos) para comunicarse entre sí. Lengua sería un sistema de signos y reglas gramaticales (o lo que es lo mismo, un código) que usa un determinado grupo humano para entenderse. La norma es aquel conjunto de reglas que permite al hablante un uso correcto de su lengua. Por último, el habla es el uso individual que cada persona hace de su lengua.

 

Si nos fijamos, hemos ido de lo general a lo particular. El lenguaje es, desde este prisma, una facultad universal, inherente a todos los miembros de la condición humana. Aquí caben todos los sistemas comunicativos inventados por el hombre, es decir, los verbales y los no verbales. Recordemos que un lenguaje verbal es aquel que se basa en la palabra, ya sea oral o escrita, y que los sistemas no verbales utilizan otros soportes como la mímica, las banderas, el humo de una hoguera, el silbo, etc.

 

Cuando nos referimos a las lenguas, estamos indudablemente creando parcelas en el gran conjunto del lenguaje. Por eso hablamos de lengua española, lengua inglesa, lengua francesa, lengua alemana, etc., y no de lenguaje español, lenguaje inglés, lenguaje francés o lenguaje alemán. Seguro que mientras leen estas líneas les estará viniendo a la cabeza el concepto de idioma. No se asusten. Van por el buen camino. Lengua e idioma son el mismo concepto.

 

Evidentemente, cada lengua tendrá sus propias reglas gramaticales. Para que nos entiendan, cada juego o deporte tiene su propio sistema de funcionamiento. Por eso, las reglas de fútbol no son las mismas que las del baloncesto o las del atletismo. En la lengua pasa exactamente lo mismo: nada tiene que ver la norma del español con la norma del chino. La norma, rematando nuestro lúdico ejemplo, sería ese árbitro que nos recuerda si hemos seguido bien o mal las reglas del juego.

 

Para hablar del habla, tomemos como ejemplo a nuestro deporte vernáculo. Aunque todos los luchadores conozcan perfectamente las reglas del juego y cada una de sus técnicas de ejecución, veremos que en la arena cada deportista se expresa de manera diferente. Así, encontraremos luchadores muy técnicos, capaces de desplegar en el terrero un abanico impresionante de técnicas de ataque y de defensa. En cambio, veremos otros luchadores más parcos que se aferran a una determinada maña, o incluso, otros bregadores de talante conservador que prefieren estar atentos a los ataques de su adversario para responder con la defensa adecuada. Hay luchadores famosos por sus espectaculares caderas o toques por dentro. Y hay luchadores estrategas que juegan maravillosamente con las circunstancias de la luchada y con la situación del marcador. En el habla pasa exactamente lo mismo. Habrá hablantes brillantes, tal vez portadores de una gran cultura y preparación, tal vez portadores de una gran inteligencia, tal vez portadores de una llamativa extroversión, que sean capaces de pintar sus sentimientos y opiniones con absoluto acierto porque son diestros en el manejo de los pinceles léxico y gramatical. Por el contrario, habrá hablantes menos brillantes, tal vez porque no tuvieron la oportunidad de estudiar, tal vez porque les atenaza la timidez u otro tipo de miedos internos. Pero todos, absolutamente todos, son hablantes y por tanto capaces de codificar y descodificar mensajes.


3.- Lengua, grupo dialectal, dialecto, habla regional y habla local.

 

La lengua, como dijimos, es un sistema que engloba a una cantidad grande de seres humanos. El español es actualmente una de las cuatro lenguas más habladas del mundo, con más de 400 millones de hablantes. Dentro de este vastísimo conjunto, se pueden realizar perfectamente subdivisiones. Si nos atenemos a unos criterios meramente espaciales, hablaremos de dialectos (o geolectos, según la terminología de Eugenio Coseriu). Un dialecto será, por tanto, una variedad lingüística localizada en un punto geográfico concreto.

 

Pero también podemos hacer otras subdivisiones dentro de una lengua. Si nos atenemos a criterios sociales, hablaremos de sociolectos. Para entender mejor este concepto, tendríamos que analizar la edad, la formación cultural o la profesión del hablante. Por ejemplo: no hablará igual una persona de 80 años que otra de 15; un joven desarraigado de un barrio marginal no va a hablar igual que un joven abogado con dos másteres y un doctorado; también observaremos diferencias entre la forma de expresarse de un carpintero y la de un taxista.

 

Volvamos al concepto de dialecto. En la lengua española hay dos grandes grupos dialectales: el septentrional (que abarcaría la mitad superior de la Península Ibérica) y el meridional (que abarcaría la mitad sur de la Península Ibérica, Canarias, Ceuta, Melilla, todo el continente americano y antiguas colonias de Ultramar localizadas en África, Asia y Oceanía). Dentro de cada grupo dialectal localizaremos los dialectos, y dentro de éstos encontraremos una infinidad de formas de ejecución que se organizarían a través de los conceptos de hablas regionales y hablas locales. En ese sentido, dentro del grupo dialéctico meridional se localizaría el dialecto canario. Y dentro del dialecto canario aparecerían las hablas regionales de Gran Canaria, de Fuerteventura, de Lanzarote, de La Palma, de La Gomera, de El Hierro o de Tenerife. Y dentro del habla regional de Gran Canaria se podrían destacar, por citar algunas, las hablas locales de Ingenio o de Agüimes.


4.- El dialecto canario.

 

El dialecto canario se encuadra, como dijimos, en el grupo dialectal meridional. Como rasgos fundamentales podemos decir, a primera vista, que presenta muchísimas similitudes con los dialectos de Latinoamérica y que en su léxico abundan los lusismos (palabras de procedencia portuguesa). Para hacer una descripción más acertada del dialecto canario, nos valdremos de los planos fonético-fonológico, morfosintáctico y semántico.

 

En lo que respecta al plano fonético-fonológico, esto es, el que tiene que ver con los sonidos que forman parte de una lengua, las características más importantes del canario son:

 

-      El seseo: consiste en pronunciar za-ce-ci-zo-zu de manera idéntica a sa-se-si-so-su. Por ejemplo: el nombre propio Cecilia sonaría idéntico a Sesilia. Esto lo hace similar al español de América y de ciertas zonas de Andalucía.

-      El yeísmo: consiste en la eliminación total del fonema elle /ḽ/ en favor del fonema ye /y/. De esta manera, una palabra como “llorar” se pronunciaría “yorar”. Es un fenómeno generalizado en todo el ámbito hispanohablante. Aún así, hay amplias zonas de la provincia de Santa Cruz en donde se mantiene el sonido /ḽ/ (personas fundamentalmente mayores y de ámbitos rurales).

-      Realización sonora del fonema che /ĉ/: esta forma de pronunciar la che se asemeja a la del sonido /y/. De ahí que muchas personas que no son canarias tengan la impresión de oír “muyayo” en vez de “muchacho”.

-      Uso de la aspiración o fonema /h/: este fonema se usa bien sustituyendo al fonema /s/ (ejemplo: “loh niñoh”, “ehtaba”, “ehpérame” en vez de “los niños”, “estaba” o “espérame”), bien al fonema /x/ (ejemplo: “lehos” en vez de “lejos”, “hitano” en vez de “gitano”), bien al fonema /ȓ/ (ejemplo: “cahne” en vez de “carne”, “chehne” en vez de “cherne”). En ocasiones, la h muda de algunas palabras aparece sustituida por este fonema (ejemplo: /háȓto/ en vez de /áȓto/ —harto—, /hiḡéra/ en vez de /iḡéra/ —higuera—). Este último rasgo se ve también en otros dialectos del grupo meridional.

 

En el plano morfosintáctico destacan los siguientes rasgos:

 

-      Uso excesivo del diminutivo: no siempre se usa con su sentido original. Ejemplo: es costumbre llamar en Canarias a las personas mayores usando el diminutivo como forma de respeto.

-      Uso de “ustedes” en lugar de “vosotros”.

-      Preferencia en el uso del pretérito indefinido en lugar del pretérito perfecto.

 

Por último, en el plano léxico, el dialecto canario está conformado, además de las palabras de origen castellano, por:

 

-      Lusismos (palabras de procedencia portuguesa): millo, mojo, cachimba, bosta…

-     Guanchismos (palabras de procedencia aborigen canaria): gofio, guirre, tabaiba, tajinaste…

-      Americanismos (palabras de origen latinoamericano): guachinche, guanajo, guagua, papa…

-      Arabismos (palabras de origen árabe): dula, majalulo, jaique, guayete…

-      Anglicismos (palabras de origen inglés): moni, cherche, chinegua, naife…

-      Galicismos (palabras de origen francés): mareta, flinfle, cardón, jable…


5.- ¿Hablamos mal los canarios?

 

Para contestar esta pregunta tendremos que remitirnos a dos conceptos fundamentales: el de la norma y el de la comunicación. Pero antes conviene decir, siguiendo los dictámenes de Ferdinand de Saussure, que la lengua es un sistema teórico y abstracto que ningún hablante del mundo usa y que lo único verdaderamente tangible es el habla. Esto hace de por sí que ningún hablante del mundo use de forma absolutamente correcta una lengua porque la naturaleza imperfecta de nuestra condición humana nos lo impide. O lo que es lo mismo, todos los seres humanos usamos nuestras lenguas respectivas de manera defectuosa.

 

Desde el punto de vista de la norma, las infracciones al sistema gramatical en el dialecto canario no difieren en gran medida de otros dialectos del español. Esto quiere decir que los vulgarismos localizados en Canarias se pueden escuchar en otras áreas hispanohablantes. En nuestro archipiélago, los vulgarismos se producen básicamente por las siguientes razones:

 

En el plano fonético-fonológico:

-      Alteraciones vocálicas: cambios en el timbre de una vocal concreta. Ejemplo: “ehtrumento” por instrumento, “disierto” por desierto…

-      Alteraciones consonánticas: uso de una consonante por otra. Ejemplo: “saldina” en vez de sardina, “purpo” en vez de pulpo, “losotros” en vez de nosotros, “cormigo” en vez de conmigo…

-      Metátesis: cambio de lugar de un sonido en la palabra. Ejemplo: “briginio” por virginio, “Grabiel” por Gabriel, “naide” por nadie…

-      Epéntesis: consiste en añadir un sonido a la palabra. Ejemplo: “amoto” en lugar de moto, “arradio” en lugar de radio, “toballa” en vez de toalla, “dir” en vez de ir…

-      Elisión: consiste en eliminar uno o varios sonidos de la palabra. Ejemplo: “amó” en vez de amor, “dó” en vez de dos, “comío” por comido…

 

En el plano morfosintáctico:

-      Confusión de formas de indicativo con formas de subjuntivo. Ejemplo: decir “hablemos” en donde tiene que aparecer “hablamos”.

-      Confusión de géneros: consiste en aplicar el género masculino a una palabra que va en femenino o viceversa. Aunque la norma del español lo permite en algunos casos (el mar-la mar), en el caso del español de Canarias se consideran vulgarismos casos como “el sartén” (la sartén), “el lure” o “los lures” (la ubre), “el costumbre” por la costumbre, el ritual de “la mimbre” en lugar de el ritual del mimbre, “la fin del mundo” en lugar de el fin del mundo…

-      Elisión de preposiciones: consiste en eliminar la preposición de un sintagma. Ejemplo: “carne cochino” en vez de carne de cochino, “rejo pulpo” en vez de rejo de pulpo…

-      Alteración del orden de los elementos de un sintagma. Ejemplo: “más nunca” en lugar de nunca más, decir “ya yo dije” en lugar de yo ya dije…

 

En el plano semántico vemos que los tacos, palabras tabús o peyorativas no difieren en absoluto de las del español estándar. Eso no quiere decir que no se encuentren términos genuinamente canarios en nuestro léxico vulgar como el conocido “chibichanga”.

 

Desde el punto de vista de la comunicación, hay que tener en cuenta la interrelación existente entre el emisor y el receptor. Si el mensaje que el emisor construye es perfectamente decodificado por el receptor, ese código compartido (es decir, el dialecto canario) es total y absolutamente lícito. Esto nos lleva a la conclusión de que cualquier sistema compartido por dos personas como mínimo ya cumple con su esencial función comunicativa, esto es, la de intercambiar información.

 

En resumidas cuentas, los canarios realizamos acciones comunicativas similares a las de otros pueblos y culturas del mundo y que, dentro del ámbito del español, hablamos igual de bien o mal que los otros usuarios de esta lengua.

 

Tal vez la solución a este problema se encuentre en el ámbito del habla. En efecto, observaremos tanto en Canarias como en otros lugares del planeta que hay hablantes brillantes y hablantes menos brillantes. El buen o mal uso de una lengua no tiene necesariamente que estar asociado con un grupo humano determinado. Otra cosa bien distinta es que desde los diferentes medios de comunicación se estén difundiendo usos incorrectos del idioma en perjuicio de los receptores, que pueden llegar a adquirirlos y aplicarlos en sus respectivas hablas, con lo que todos, de manera consciente o inconsciente, estaríamos propagando un virus (si se me permite la nomenclatura informática) de nefastas consecuencias para el español. Llegados a este punto, la palabra EDUCACIÓN vuelve a surgir por sí sola, aunque no la hayamos invitado a esta fiesta. En efecto, la tarea de los educadores, de los padres, de los profesionales de los medios de comunicación se torna en imprescindible para conseguir que las generaciones presentes y futuras garanticen un uso correcto de nuestro idioma.

 

No podemos terminar este artículo sin tocar, aunque sea de forma somera, aspectos diacrónicos, puesto que cualquier lengua está sometida a los vaivenes del tiempo. Y aquí conviene subrayar que los malos hábitos lingüísticos de los hablantes de la antigüedad propiciaron la aparición de las actuales lenguas modernas. Si los hablantes de latín de la Alta Edad Media, por citar un claro ejemplo, no hubieran incurrido en malos hábitos lingüísticos, seguramente hoy no podríamos hablar en español, portugués, francés o italiano. Cuando llegamos a este punto del razonamiento, resulta a todas luces inevitable preguntarnos cómo serán las lenguas del futuro. Si el español corriera la misma suerte que el latín, ¿se produciría una fragmentación similar dentro de algunos siglos? ¿Hablaríamos aquí un idioma canario?

 

No sé por qué, pero cuando mis razonamientos se anudan de esta forma, siempre irrumpe groseramente triunfal en los recovecos de mi mente aquella célebre canción de Bob Dylan. No lo puedo evitar. Si quieren, la cantamos juntos y así desahogo mi carga filosófica en este ejercicio de solidaridad intelectual: “The answer, my friend, is blowing in the wind…”


6.- Para saber más.

 

Para profundizar más en estas cuestiones, te recomendamos la lectura de los siguientes libros y manuales:

 

-      ALARCOS LLORACH, Emilio. Gramática de la lengua española. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 1999.

-      ALVAR, Manuel. Manual de dialectología hispánica. El Español de España. Ariel Lingüística. Barcelona, 1996 & 2007.

-      CATALÁN, Diego. "El español en Canarias", en El español, orígenes de su diversidad.  Madrid, 1989, págs. 145-201.

-      HERNÁNDEZ, Pedro. Natura y Cultura de las Islas Canarias. Tafor Publicaciones. La Laguna, Tenerife, 1997.

-      LÁZARO CARRETER, Fernando. El nuevo dardo en la palabra. Edición digital de Kamparina e Hispastes. Biblioteca_irc. 2004.

-      MORERA, Marcial. El habla. Todo sobre Canarias. Centro de la Cultura Popular Canaria. 2007.

-      ORTEGA OJEDA, Gonzalo. La enseñanza de la lengua española en Canarias. La Laguna (Tenerife), 1996.

-      ORTEGA OJEDA, Gonzalo. "El habla canaria y la norma castellana en la enseñanza". Textos, 12, abril de 1997, págs. 47-54.

-      SAUSSURE, Ferdinand. Curso de lingüística general. Editorial Losada. Buenos Aires, 1945.